Jean Cusset, ateo con excepción de la vez que escuchó a Horowitz tocar el Impromptu 3 de Schubert, dio un sorbo a su martini –con dos aceitunas, como siempre– y continuó:
-Hay quienes dicen que es muy difícil creer en Dios. Yo pienso que es más difícil no creer en él. La prueba de su existencia es lo existente. Todo lo que vemos, desde la más pequeña flor del campo hasta la infinitud de estrellas en el cielo, nos habla de algo o alguien, de una inteligencia creadora que no podemos entender, pero que nos ha sido revelada por ese camino que sólo los humildes saben recorrer: el de la fe.
Siguió diciendo:
-Sabemos –o presentimos– otra cosa: que ese Alguien es un ser amoroso que nos ha dado como misión de vida el amor. A través de él, del amor, llegaremos a Él, el Amor. Al final de los tiempos todas las criaturas nos fundiremos en nuestro creador. Salimos del amor y al amor regresaremos.
Así dijo Jean Cusset. Y dio el último sorbo a su martini, con dos aceitunas, como siempre.
¡Hasta mañana!...
Opinión
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Así dijo Jean Cusset
’Catón’
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